miércoles, enero 11, 2012

Volar


Hace un chorro de años, creo que 30, jajaja, cada vez me pesa mas decir hace cuantos, como niño normal que era me encantaba salir a jugar. Con mis dos hermanos menores (los que siguen de mi) tuvimos la suerte de tener un gran terreno baldío para jugar lo que quisieramos, justo detrás de nuestra casa. Lo mismo dabamos de comer a un chivo que eramos correteados por un toro que jugabamos fútbol.

Ah que tiempos jugando fútbol, al lado de la casa había una privada, casi no entraban carros y ello era ideal para jugar una versión propia de lo que en aquel tiempo aun no se formalizaba como fútbol rápido, mas bien era el clásico fútbol en la cuadra, con porterías hechas con dos piedras o tabiques o gorras o lo que encontráramos, con la ventaja de que podíamos usar la pared justo como apoyo para hacer jugadas mas interesantes, creo que aprendimos mas o menos bien con nuestros amigos o vecinos mas bien.

Sin embargo como mencioné el recuerdo es de hace 30 años, es decir cuando tenía 7, mis hermanos aun mas pequeños y difícilmente podían entrar a jugar o mas bien a competir. La cosa es que ese día llegaron aun mas vecinitos de diversas zonas de la colonia e incluso colonias aledañas, dos de los niños mas grandes organizaron el partido, uno de ellos era el Conejo, que era famoso por ser broncudo y entrarle a los trancazos por cualquier motivo, era el capitán del equipo contrario.

Empezó el partido y llegaron aun mas niños por lo que tuvimos que cambiar de cancha, en lugar de jugar en el cemento de la privada nos pasamos a la cancha grande, el lote baldío que en aquel momento me parecía gigantesco. Pusimos porterías grandes, es decir anchas porque seguían estando limitadas por un par de piedras.

El partido transcurrió sin mayor chiste que otros encuentros, la cosa es que nuestro portero tuvo que irse porque su mamá le llamo a que se metiera, ya llevabamos buen rato jugando y no había nadie mas que le hiciera al guardameta ni que quisiera hacerlo. En mi caso solo había portereado en portería pequeña es decir defendiendo únicamente con los pies y nunca use guantes ni trate de lanzarme por un balón o cosa parecida. Prácticamente fue mi debut como portero.

Siguió el partido y alguno de mis compañeros cometió penalty, yo era el portero y comenzó el sufrimiento, la portería estaba inmensa, el tirador era el grandote Conejo y yo era novato en estas lides. Me pare al centro de la portería, tome aire, mire a los ojos al tirador y pedi a los dioses, astros y similares su ayuda en este lance.

El Conejo tiro... impulsado no se porque resorte volé, lo sentí clarito, estaba volando hacía la izquierda, no se como, no se porque pero lo hice, fue un vuelo largo, reconfortante, inspirador y de descubrimiento que duró un instante, después senti mi mano tocar el balón, ver el balón salir desviado de la portería y a mi equipo felicitándome al grado de querer cargarme en hombros para festejar nuestro triunfo.

El Conejo cambió su trato hacía mi a partir de ese día, no recuerdo mas bravuconadas para mi persona, el tema no se tocó mas entre los vecinos jugadores pero las miradas a partir de ese día eran diferentes, había un poco mas de respeto en el aire y me elegían mas seguido para jugar.

Lo curioso es que nunca volví a jugar de portero, lo mio lo mio era meter goles.


Felices bytes...

0 comentarios: